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Cuando un medio elige el silencio, pierde el país: lo de MVS y Manuel López San Martín

Lo de Manuel López San Martín en MVS no fue un «adiós por mutuo acuerdo» ni una renovación de contrato. Vamos a decir las cosas como son: fue una ejecución política con el permiso de la empresa. Al final, a los directivos de MVS les temblaron las piernas y prefirieron entregar la cabeza de su periodista antes que aguantar un round más contra el poder.

Manuel se volvió el clavo en el zapato del gobierno. No por ser un necio, sino por preguntar lo que nadie quería responder: los errores en la pandemia, el desorden en salud y los privilegios de los de arriba. El castigo fue sistemático. Primero lo quisieron bajar del debate presidencial, luego lo boletinaron en las mañaneras y, finalmente, le cerraron la puerta del estudio.

Pero lo más triste no es que el gobierno ataque —eso ya lo sabemos—. Lo verdaderamente decepcionante es ver a un medio de comunicación que se decía independiente comportarse de forma tan servil y timorata. En lugar de defender la libertad de su micrófono, optaron por la vía fácil: el silencio.

MVS mandó un mensaje clarísimo a todos sus periodistas: «Si te pegan desde Palacio, aquí no te vamos a cuidar». Es penoso ver cómo una casa informativa que ha tenido momentos históricos hoy prefiere la sumisión. Se portaron como empleados obedientes del régimen, limpiando la casa de «voces incómodas» para que nadie se moleste en las oficinas del gobierno.

Cuando sacan a alguien como Manuel del aire, el que pierde es el que va manejando el coche o el que escucha el podcast mientras trabaja. Nos quitan una ventana para enterarnos de la corrupción y el nepotismo que otros prefieren ignorar.

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