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Adán Augusto deja la coordinación de Morena: la salida que nadie cree voluntaria

La noticia se presentó como un movimiento interno, casi administrativo. Pero en los pasillos de Morena y en la conversación pública, nadie se tragó la versión oficial.
Este domingo 1 de febrero, Adán Augusto López Hernández dejó la coordinación del grupo parlamentario de Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en el Senado, justo cuando su nombre arrastra más ruido que respaldo.

Adán Augusto dijo que necesitaba concentrarse en el trabajo político-electoral y territorial rumbo a 2027. Lo dijo con tono sereno, como quien se baja del cargo por decisión propia. Pero el contexto cuenta otra historia: su permanencia ya era un problema para el partido.

Ante sus compañeros, explicó que la coordinación legislativa requiere un perfil distinto y que Ignacio Mier Velazco era la mejor opción. Técnicamente suena lógico. Políticamente, suena a salida negociada.

Cuando se le preguntó si hubo presiones desde Palacio Nacional, evadió la respuesta. Dijo que habló “con quien tenía que hablar”, sin mencionar directamente a la presidenta Claudia Sheinbaum. Ese silencio pesó más que cualquier explicación: cuando alguien se va por voluntad propia, no necesita rodeos.

La razón de fondo es conocida. Desde hace tiempo, Adán Augusto carga con señalamientos que Morena ya no pudo seguir ignorando. El más grave: el caso de La Barredora, el grupo criminal que operó en Tabasco durante su gubernatura y que se convirtió en un símbolo del fracaso —o la complicidad— en materia de seguridad.

A esto se suma su relación con Hernán Bermúdez Requena, exsecretario de Seguridad Pública del estado y señalado como presunto líder de La Barredora. Bermúdez fue detenido en Paraguay en 2025 y trasladado al penal de El Altiplano.
Desde entonces, la pregunta ha sido la misma: ¿cómo no sabía?, ¿cómo no vio?, ¿cómo no escuchó?

Durante años, Adán Augusto fue uno de los hombres más poderosos del obradorismo. Tenía peso, interlocución y protección. Hoy, esa etapa parece cerrarse. Su salida de la coordinación no huele a estrategia, sino a contención de daños.

Morena necesita llegar a 2027 con menos flancos abiertos. Y Adán Augusto, con sus escándalos, su fortuna cuestionada y sus vínculos incómodos, se convirtió en un riesgo que el partido ya no quiso cargar en primera línea.

Él insiste en que seguirá trabajando “desde el territorio”. Nadie lo expulsa formalmente. Nadie lo acusa desde dentro. Pero lo quitan del reflector, lo sacan del control legislativo y lo mandan a segundo plano.

En política, eso suele tener una sola traducción: ya no eres intocable.
Y aunque hoy la salida se vista de reorganización, lo cierto es que Adán Augusto fue apartado porque su nombre ya pesaba más que su utilidad. El expediente sigue ahí. Y esta vez, ya no está tan bien guardado.

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