Advertisement

AMLO gastó miles de millones y no sirvieron para nada

Prometieron que el sur despegaría. Que el Tren Maya, el Corredor Interoceánico y la refinería de Dos Bocas serían el motor que por fin sacaría a la región del rezago histórico. Años después, las cifras cuentan otra historia: las megaobras de Andrés Manuel López Obrador no atrajeron inversión real y dejaron solo migajas.

En 2026, México presume un portafolio de inversiones privadas por 406.8 mil millones de dólares, según datos presentados en la Primera Reunión Nacional de Promoción de Inversiones. Pero cuando se revisa con lupa, el resultado es demoledor para el discurso de la llamada Cuarta Transformación.

De todo ese monto, el sur del país apenas concentra poco más de 6 mil millones de dólares en intención de inversión privada. Una cantidad marginal si se compara con el norte, que ya acumula cerca de 40 mil millones, o incluso con la región centro, que ronda los 10.6 mil millones.

Es decir: donde se gastaron más recursos públicos, llegó menos inversión privada.

Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, se repitió hasta el cansancio que era urgente “equilibrar” el desarrollo del país y dejar de concentrar la inversión en el norte. Sin embargo, la realidad es que los capitales siguieron huyendo del sur, incluso después de miles de millones de pesos enterrados en proyectos emblemáticos.

El diagnóstico no es solo político. El Índice de Competitividad Regional 2026, elaborado por el Instituto Mexicano para la Competitividad, confirma el fracaso:
pese al Tren Maya y al Corredor Interoceánico, el sur sigue siendo la región menos competitiva del país.

Las dos zonas peor evaluadas fueron:

  • Región Maya (Campeche, Chiapas, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán): 34.19 puntos de 100
  • Istmo (Guerrero, Oaxaca, Puebla, Tlaxcala y Veracruz): 29.66 puntos

No hay sorpresa. Sin seguridad jurídica, sin infraestructura productiva funcional y sin condiciones para hacer negocios, ningún inversionista serio apuesta su dinero, por más trenes turísticos o discursos épicos que se inauguren.

Mientras el norte siguió captando capital, empleo y cadenas productivas, el sur quedó atrapado en proyectos mal planeados, de rentabilidad dudosa y utilidad económica limitada. El resultado es brutal: mucho gasto público, poco crecimiento y nulo impacto estructural.

Hoy, funcionarios como Marcelo Ebrard celebran que el país tenga más de 400 mil millones de dólares en inversiones en puerta, y la presidenta Claudia Sheinbaum presume que la cifra supera estimaciones previas.
Pero el dato incómodo permanece: casi nada de ese dinero va al sur que AMLO juró transformar.

El saldo final

Las cifras de 2026 dejan una conclusión difícil de maquillar:
las megaobras no detonaron desarrollo, no generaron confianza y no corrigieron la desigualdad regional.
Sirvieron, eso sí, para desperdiciar recursos del pueblo en proyectos que hoy no atraen inversión, no elevan la competitividad y no cambian la vida económica del sur.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *