Cuando Julio Scherer Ibarra salió del gobierno federal en 2021, Andrés Manuel López Obrador le dedicó una despedida cargada de elogios y reconocimiento público, mostrando la cercanía política y personal que existía entre ambos dentro del proyecto de la llamada Cuarta Transformación.
Durante su conferencia matutina, el entonces presidente anunció que Scherer dejaba el cargo para regresar a su actividad como abogado particular, pero subrayó que no se trataba de una ruptura, sino de una salida amistosa. Incluso llegó a llamarlo “como mi hermano”, destacando que había sido pieza clave en el diseño jurídico del sexenio.
En su mensaje, López Obrador insistió en que Scherer fue responsable directo o participante central en varias de las reformas que el gobierno presentó como emblema de la 4T:
- Reformas constitucionales para convertir programas sociales en derechos garantizados.
- Cambios legales para endurecer el castigo a la corrupción.
- Modificaciones para eliminar la condonación de impuestos a grandes empresas.
- Ajustes constitucionales que permitieron la creación de la Guardia Nacional.
Según el propio discurso presidencial, estas iniciativas pasaron por la Consejería Jurídica encabezada por Scherer y fueron fundamentales para sostener la arquitectura legal del proyecto obradorista.
La despedida fue, en ese momento, un reconocimiento abierto y sin matices: AMLO agradeció su trabajo y dejó claro que Scherer era considerado parte esencial del proceso de transformación.
Sin embargo, la narrativa cambió con el tiempo. Hoy, tras la publicación del libro Ni venganza ni perdón, donde Scherer lanza señalamientos sobre figuras centrales del movimiento, dentro de Morena el tono hacia él ha dejado de ser el de aliado cercano para convertirse en el de un actor incómodo y crítico interno.
Ese giro político alimenta el debate actual: quien en su momento fue presentado como arquitecto jurídico del proyecto, ahora es visto por sectores del oficialismo como una voz que exhibe tensiones y fracturas dentro del mismo círculo que antes lo respaldaba.
La frase “Julio es como mi hermano” se vuelve especialmente significativa al contrastarse con el contexto actual. En aquel momento, AMLO lo retrató como un colaborador clave que ayudó a dar forma legal al sexenio; hoy, las diferencias internas y las acusaciones cruzadas han cambiado completamente el tono del debate en torno a su figura.
En retrospectiva, aquella despedida pública refleja no sólo una relación política cercana, sino también la dimensión del papel que Scherer tuvo dentro del proyecto que ahora cuestiona desde fuera.













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