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De ‘intelectual’ a cortesana del poder: Sabina Berman

Cada época tiene sus traidores ilustrados. Los de hoy no llevan uniforme ni bandera: llevan un micrófono, una cuenta de X y un espacio en la televisión pública.
Y entre ellos, destaca un nombre que alguna vez representó la inteligencia crítica y hoy simboliza la claudicación del pensamiento: Sabina Berman.

Durante años, Berman se vendió como la escritora irreverente, la dramaturga incómoda, la mujer que no temía decir lo que pensaba. Pero bastó que el poder le abriera la puerta para que esa rebeldía se convirtiera en devoción. Donde antes había crítica, hoy hay consigna. Donde antes había ironía, hoy hay elogio servil.

De la autora que desafiaba al poder queda poco. En su lugar apareció una defensora del régimen, una voz que justifica lo injustificable, que repite las líneas oficiales de Morena como si fueran poesía comprometida. En su discurso, los errores del gobierno son “experimentos democráticos”, las censuras son “reacciones naturales del pueblo” y los críticos, claro, son “los enemigos del cambio”.

El caso Berman no es solo decepcionante: es simbólico. Representa a toda una generación de intelectuales que, tras años de denunciar el autoritarismo priista o panista, hoy se arrodillan ante el nuevo autoritarismo con nombre guinda.
Aplauden los ataques a la Suprema Corte, justifican la persecución a periodistas, y celebran reformas que concentran poder. Todo, en nombre de una “transformación” que ya no tiene nada de moral ni de cuarta: solo de sumisa.

El problema no es que Sabina Berman admire a López Obrador. El problema es que dejó de pensar. Porque quien piensa, cuestiona. Y quien cuestiona, incomoda.
Hoy, ella y tantos otros prefieren el aplauso fácil del presidente a la incomodidad de decirle que se equivoca. Prefieren la palmada oficial a la libertad intelectual. Prefieren ser parte del coro que canta loas al líder antes que mantener la dignidad de un pensamiento libre.

Y es triste, porque Sabina Berman no era cualquiera. Su obra hablaba de libertad, de contradicciones humanas, de dignidad. Pero hoy, sus apariciones públicas son una lista de justificaciones del poder, un repertorio de frases vacías disfrazadas de “análisis político”, una oda a la obediencia.

Así se derrumba una voz crítica: no con censura, sino con halagos.
Así muere el pensamiento libre: no con balas, sino con invitaciones a foros oficiales y contratos públicos.

Sabina Berman es el retrato de una tragedia mayor: la del intelectual que cambia el espejo por el micrófono, el pensamiento por la consigna, la palabra por la propaganda.
Y como ella, hay muchos. Escritores, académicos y periodistas que un día fueron la conciencia del país y hoy son su anestesia.

n el México de la 4T, la rebeldía ya no se castiga: se compra.
Y Sabina Berman, con su talento innegable pero su voz domesticada, es la mejor prueba de que incluso la inteligencia puede venderse… siempre y cuando sepa sonreír al líder mientras lo hace.

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