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El apetito sin límite de Televisa: cómo quiso quedarse con todo y hoy enfrenta su mayor crisis

El crecimiento de Televisa no fue una simple historia de innovación ni de competencia abierta. Fue, sobre todo, la construcción deliberada de un dominio casi absoluto sobre la televisión mexicana, logrado a través de concentración de concesiones, cercanía política y prácticas de mercado agresivas que durante décadas le permitieron acaparar canales, audiencias y publicidad.

Desde sus orígenes en la radio con la XEW en los años treinta, el grupo encabezado por la familia Azcárraga entendió que el poder no estaba solo en producir contenidos, sino en controlar la infraestructura, las frecuencias y las reglas del juego. Así, canal por canal, Televisa fue cerrando el paso a competidores reales y convirtiendo la televisión en un negocio verticalmente integrado, donde casi todo pasaba por sus manos.

Un modelo basado en absorber, fusionar y excluir

La fusión de Canal 2, Canal 4 y Canal 5 en los años cincuenta, que dio origen a Telesistema Mexicano, no fue un movimiento inocente de eficiencia tecnológica. Fue el punto de quiebre que redujo la pluralidad y consolidó un monopolio de facto, legitimado por decisiones gubernamentales que favorecieron la explotación comercial privada frente a modelos públicos o mixtos.

Ese patrón se repitió durante décadas: expansión territorial acelerada, control de repetidoras, exportación de contenidos y entrada a nuevos negocios —cable, satélites, derechos deportivos— siempre bajo una misma lógica: crecer sin límites y dejar sin oxígeno al resto.

El precio del exceso

Hoy, ese modelo muestra sus fisuras. La televisión abierta perdió relevancia, la audiencia migró a plataformas digitales y el mercado publicitario se fragmentó. Televisa ya no dicta las reglas como antes y la sobreexpansión se convirtió en una carga financiera.

A ello se suma el frente legal. Emilio Azcárraga Jean, heredero del imperio, se vio obligado a dejar la presidencia de la empresa en 2024 para atender una investigación reactivada en Estados Unidos relacionada con el caso FIFA Gate, encabezada por el Department of Justice. Un episodio que exhibe cómo las prácticas del pasado hoy tienen consecuencias internacionales.

En paralelo, Azcárraga Jean redujo su participación accionaria, vendiendo parte del control a ejecutivos internos, una señal inequívoca de tensión financiera y reacomodo forzado dentro del grupo.

De imperio dominante a gigante acorralado

Televisa sigue siendo influyente, pero ya no es intocable. Su historia, marcada por la ambición de querer controlarlo todo, hoy se enfrenta a un escenario adverso: problemas legales en Estados Unidos, presión económica, pérdida de audiencias y un modelo de negocio agotado.

El imperio que durante décadas se construyó a base de concentración y privilegios ahora paga el costo de sus excesos. Y la pregunta ya no es cómo Televisa se adueñó de la televisión mexicana, sino si podrá sobrevivir en un entorno donde el control absoluto dejó de ser posible.

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