Hay una estampida ocurriendo enfrente de todos… y el gobierno pretende que es “normal”.
Pues no: lo que está pasando no es migración.
Es fuga, es evacuación, es sálvese quien pueda… y quien pueda, que no se quede aquí.
Más de 28 mil mexicanos ya obtuvieron residencia en España este año y más de 9 mil en Portugal.
Pero no es la típica historia de buscar chamba o cruzar el desierto.
Aquí hablamos de gente que dejó medio millón de euros en la mesa como quien deja propina, o que demuestra ingresos europeos mientras sigue produciendo desde México.
¿Y qué creen?
España ya nos tiene como cuarta nacionalidad que más residencias compra.
Portugal, como sexta.
Y en Miami, casi la mitad de las casas arriba de 3 millones de dólares tienen comprador mexicano.
En Texas ya les llaman “el boom silencioso” de familias que llegan a comprar casas de 5 a 8 millones sin pestañear.
Esto no es migración, es la élite evacuando un país que ya no les garantiza nada.
Es el 0.3% que sostiene buena parte de los impuestos y del empleo.
Empresarios, fundadores de startups, médicos top, abogados corporativos, banqueros…
Los que pagan el 72% del ISR y generan el 68% del empleo formal.
¿Y saben qué? Se están largando.
Porque México se volvió un lugar donde el dinero ya no te compra seguridad, ni certeza, ni instituciones funcionales.
Donde puedes ser asaltado, secuestrado o extorsionado aunque vivas en la zona más exclusiva.
Donde las universidades dejaron de competir con el mundo y los hospitales ya no son garantía de nada.
Y para rematar, destruyeron lo único que debería darnos piso: el Estado de derecho.
Convertir a los jueces en burócratas políticos fue el equivalente a avisarle al capital:
“Aquí las reglas se doblan cuando convenga.”
A los inversionistas extranjeros les asusta.
A los mexicanos con dinero les da pánico.
Y hacen lo lógico: se van.
¿Quieres un dato más humillante?
El Knight Frank Wealth Report dice que 38% de los mexicanos multimillonarios planean irse antes de 2030.
Más que en Venezuela.
Más que en cualquier país que presuma su crisis.
Una encuesta entre empresarios reveló que la mitad está considerando sacar a su familia del país antes de la próxima elección presidencial.
No se van por gusto:
se van porque ya vieron venir la tormenta.
En España los depósitos de mexicanos crecieron 68% en dos años.
En Lisboa, las escuelas internacionales tienen lista de espera de dos años solo para mexicanos.
Sí, dos años.
Porque la gente está huyendo antes de que esto colapse más.
Y mientras allá les exigen invertir, crear empresas y pagar impuestos…
aquí los llamamos traidores.
Traidores los que generan empleo, pagan impuestos, sostienen industrias y no reciben ni seguridad, ni justicia, ni certeza a cambio.
Cada familia que se va con 10–20 millones de dólares deja de pagar entre 2 a 6 millones de pesos al año en impuestos.
Si apenas un 20% se larga en cinco años, el país pierde 45–60 mil millones de pesos ANUALES.
O sea: más de lo que recauda todo el impuesto a bebidas azucaradas.
Pero claro, el discurso oficial es que “no pasa nada”.
El éxodo de las élites mexicanas no es ideología:
es supervivencia.
Es gente que ya entendió que si se quedan, pierden libertad, seguridad y patrimonio.
Y lo más grave: México sigue dándoles razones para irse.
Porque cuando los que generan trabajo y pagan impuestos abandonan un país, no es porque lo odian.
Es porque el país decidió expulsarlos.
Y eso, por donde lo veas, es un crimen con firma gubernamental.













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