En redes sociales se popularizó hace poco el término therian, utilizado por personas que dicen identificarse con un animal y actuar como tal. Más allá de la anécdota digital, la imagen resulta útil para describir ciertas conductas en la vida pública mexicana.
Porque el problema no es lo que los políticos dicen. El problema es cómo actúan cuando administran recursos, toman decisiones o responden ante la ley. En muchos casos, el comportamiento parece guiado más por instinto que por responsabilidad institucional.
El instinto de apropiación
Una de las prácticas más persistentes es la opacidad en el manejo del presupuesto. Observaciones millonarias en auditorías públicas, recursos cuyo destino no queda claro y patrimonios que no corresponden al ingreso oficial alimentan una percepción constante: el dinero público se administra como botín.
La pregunta no es si hay irregularidades —las cifras oficiales lo muestran— sino por qué la consecuencia casi nunca es proporcional al daño.
Operación y cálculo electoral
Otro fenómeno recurrente es la intervención organizada en procesos electorales. Redes territoriales, estructuras paralelas de movilización y estrategias de orientación del voto revelan que la competencia democrática no siempre ocurre en igualdad de condiciones.
El resultado suele reflejar la eficacia operativa más que la deliberación ciudadana. Cuando la estructura pesa más que el argumento, la democracia se vuelve trámite.
Lealtad antes que competencia
En teoría, el servicio público debería regirse por mérito, evaluación y profesionalización. En la práctica, la cercanía política suele imponerse sobre la preparación técnica.
La consecuencia es previsible: decisiones improvisadas, políticas mal diseñadas y organismos debilitados. Cuando la fidelidad personal sustituye a la capacidad profesional, el costo lo paga la ciudadanía.
Cambios de camiseta, cambios de mayoría
La migración de políticos entre partidos se ha convertido en una herramienta para alterar equilibrios legislativos. Lo que el electorado vota en las urnas puede transformarse meses después en el Congreso mediante reacomodos estratégicos.
Ese fenómeno erosiona la representación y convierte la voluntad popular en variable negociable.
Redes familiares y círculos cerrados
El nepotismo no siempre es escandaloso; a veces es silencioso y sistemático. La presencia de familiares y allegados en cargos públicos crea estructuras cerradas donde la supervisión pierde eficacia.
Cuando los lazos personales sustituyen a los controles institucionales, la rendición de cuentas se diluye.
Incentivos que alimentan el problema
Estas conductas no surgen de manera espontánea. Se fortalecen cuando el sistema premia la opacidad y minimiza el castigo. Si la probabilidad de sanción es baja y el beneficio es alto, el incentivo está claro.
México cuenta con marcos legales en materia de transparencia y responsabilidad administrativa. El desafío no es normativo, sino operativo: aplicar las reglas de forma consistente y sin excepciones.
Cambiar la conducta política implica modificar las condiciones que la hacen rentable.
Un dato que incomoda
El deterioro institucional suele reflejarse también en la economía real. En enero de 2026 se registró una pérdida de más de ocho mil empleos formales, uno de los peores arranques de año en décadas.
Las cifras no son aisladas: revelan que las decisiones públicas tienen consecuencias concretas en la vida de las personas.













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