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SI QUIERES QUE ALGO SALGA BIEN, HAZLO TÚ MISMO: RICARDO SALINAS VA POR EL 2030

La idea de que Ricardo Salinas Pliego pueda buscar la Presidencia en 2030 no nació en un vacío. Surge en un país cansado, con una ciudadanía que ya no compra el discurso triunfalista de Morena y que ve, todos los días, cómo la corrupción, la inseguridad y el mal gobierno se normalizan desde el poder.

En entrevista con el Financial Times, el empresario fue claro y sin rodeos: “Si no queda otra alternativa, lo haré”. No fue un destape clásico, pero sí una advertencia. Dicha así, la frase conecta con un sentimiento que se repite en la calle y en redes: ya no hay paciencia para seguir igual.

Un país agotado del discurso oficial

Morena controla la Presidencia, el Congreso y buena parte de los gobiernos estatales, pero ese dominio no se ha traducido en mejores resultados. Al contrario, el desgaste es evidente. Promesas incumplidas, instituciones debilitadas y un uso político del “Bienestar” que no saca a la gente adelante, sino que la mantiene dependiente del gobierno.

Salinas Pliego ha sido uno de los críticos más constantes de este modelo. Habla de autoritarismo, de un partido que no tolera la disidencia y de un Estado que, lejos de ayudar, estorba. Su mensaje —libertad económica, propiedad privada y límites al poder— no es nuevo, pero hoy encuentra eco porque el desencanto es real.

Sin partidos, pero con respaldo

Otro punto que incomoda al régimen es su rechazo a los partidos políticos. Salinas insiste en que subirse a esas siglas es jugarle el juego al oficialismo. Aun así, las encuestas lo colocan como el perfil opositor más fuerte fuera del sistema tradicional.

Estudios recientes muestran que una mayoría de votantes vería con buenos ojos a un candidato de origen empresarial rumbo a 2030, y su nombre encabeza esa lista. Incluso dentro del PAN, supera a figuras de carrera política. No es casual que Jorge Romero Herrera, dirigente nacional panista, lo haya reconocido como un aliado con capacidad de convocatoria y una voz clave frente a los ataques del gobierno.

Referentes que irritan al poder

Salinas tampoco esconde sus simpatías. Admira la política de “ley y orden” de Nayib Bukele y la decisión de Javier Milei de recortar el gasto público sin complejos. Para Morena, son ejemplos incómodos; para muchos ciudadanos, pruebas de que sí se puede romper con inercias que parecían intocables.

Más que un nombre, un síntoma

Que Salinas Pliego termine o no en la boleta es casi lo de menos. Su irrupción en la conversación presidencial dice algo más profundo: México está buscando una salida. La gente está harta de la corrupción, del mal manejo del dinero público y de un gobierno que se dice cercano al pueblo, pero gobierna desde la imposición.

El 2030 aún está lejos, pero el mensaje ya quedó claro. Si la clase política no ofrece una alternativa seria y creíble, la presión social empujará a que alguien de fuera levante la mano. Y hoy, para bien o para mal, Ricardo Salinas Pliego encarna ese hartazgo que Morena ya no puede ocultar.

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