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Televisa goza de impunidad fiscal, las empresas incómodas pagan el precio.

Mientras el gobierno presume “justicia fiscal”, la realidad pinta otra cosa: Televisa, con una deuda acumulada de 4 mil 540 millones de pesos, sigue operando sin presión alguna del SAT… simplemente porque es amiga del régimen.

Las cifras son claras:

  • Ollamani debe 2 mil 378 millones.
  • Televisa y sus subsidiarias, 2 mil 162 millones.

Pero al contrario de lo que ocurre con empresas consideradas “incómodas” o “no alineadas”, aquí no hay conferencias matutinas señalando, ni embargos, ni persecuciones mediáticas. Nada.
Silencio absoluto.

¿Por qué? Porque Televisa juega en el equipo del poder, y eso le garantiza un blindaje que otros empresarios no tienen.
El mensaje es obvio: si eres aliado, te perdonan; si no lo eres, te destruyen.

Para colmo, la empresa de Azcárraga podría beneficiarse de la exención total de impuestos pactada con la FIFA desde el sexenio de Peña Nieto para organizar el Mundial 2026.
Mientras a ciertos empresarios se les acusa de evasores, a Televisa se le regala una alfombra roja fiscal.

Además, el acuerdo permite que no solo la FIFA, sino todos los involucrados en la Copa del Mundo (subsidiarias, proveedores, contratistas, intermediarios) queden libres de impuestos.
Y aun así, nadie en el gobierno cuestiona los multimillonarios adeudos que Televisa arrastra desde hace más de una década.

Como siempre, Hacienda anuncia “mesas de trabajo” y tecnicismos legales, pero nada cambia el fondo:
la vara fiscal no es pareja.
Los amigos del régimen tienen trato VIP; los que no lo son, reciben auditorías, embargos, amenazas y campañas de desprestigio.

El caso Televisa confirma lo que muchos ya saben:
no es justicia, es selección de aliados.
No es fiscalización, es control político.
No es Estado de derecho, es extorsión disfrazada de austeridad.

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