Hay una historia que se repite cada año en México, como las posadas y el frío de diciembre. El trabajador espera su aguinaldo. Lleva doce meses levantándose temprano, tomando el metro, aguantando al jefe, comiendo lo que alcanza. Y cuando por fin llega ese sobre de fin de año, el gobierno ya le sacó su tajada antes de que él lo toque siquiera.
Eso tiene nombre: ISR. Impuesto Sobre la Renta. Le llaman impuesto al ingreso, pero el aguinaldo no es ingreso, es una gratificación. Es el reconocimiento de un año de vida entregada al trabajo. No debería gravarse. Y el lunes en San Lázaro, un diputado del PAN, José Elías Lixa Abimerhi, tuvo la audacia de decirlo en voz alta y proponer que se cambiara.
Morena ni siquiera se molestó en debatirlo. A mano alzada, sin argumentos, sin mirar a los ojos a los millones de trabajadores que representan, bloquearon que la propuesta siquiera se discutiera. No la rechazaron después de un debate. La enterraron antes de que pudiera respirar.
Es un gesto pequeño. Pero los gestos pequeños dicen todo.
Porque hay algo que vale la pena recordar aquí: los 500 diputados de San Lázaro —incluyendo los de Morena— sí cobran su aguinaldo libre de impuestos. Está en el Presupuesto de Egresos 2026, con todas sus letras: «prestación I.S.R. de aguinaldo.» Para ellos, la ley ya tiene ese privilegio. Para el trabajador de la fábrica, la tienda, la obra, no.
Eso no es un descuido. Es una declaración de principios.
El mismo día que bloqueaban esa propuesta, Morena presumía estar discutiendo la gran reforma de las 40 horas laborales. El cambio que iba a transformar la vida de los trabajadores mexicanos. La bandera roja ondeando en San Lázaro. Excepto que cuando llegó la hora de la verdad, esas 40 horas se distribuyeron en seis días de trabajo en lugar de cinco. El descanso de dos días que tanto se prometía quedó reducido a voluntad del patrón. La semana de cuatro días que tienen en Europa, en Chile, en países que sí se toman en serio el bienestar del trabajador, aquí fue maquillada con números que suenan bien pero no cambian nada de fondo.
Esto no es nuevo. Es el patrón.
Morena tiene un talento extraordinario para la promesa. Saben hablar del pueblo como nadie. Saben invocar a los de abajo, a los que madrugan, a los que construyeron este país con sus manos. Son magníficos en el discurso. El problema empieza cuando hay que votar.
Cuando en 2013 se aprobó gravar el aguinaldo con ISR, varios de los que hoy ocupan bancas de Morena votaron en contra. Ricardo Monreal votó en contra. Luisa María Alcalde votó en contra. Tenían razón entonces. Pero hoy, con el poder en las manos, con mayoría calificada, con la posibilidad real de reparar ese daño al trabajador, eligieron recaudar.
¿Para qué se recauda? Esa es la pregunta que nadie en Morena quiere contestar. Para mansiones que aparecen en reportajes. Para viajes en primera clase con cargo al erario. Para joyería que no cabe en ningún presupuesto de austeridad republicana. Para transferencias que compran lealtades en estados y municipios donde los votos cuestan y hay que mantenerlos. El dinero del aguinaldo del trabajador entra al fondo común y sale por esos canales que nunca aparecen en las conferencias mañaneras.
Hay una frase sobre los políticos que prometen mucho y cumplen poco: «They talk for the poor and live like kings.» Hablan por los pobres y viven como reyes. El trabajador que esperaba su aguinaldo completo puede seguir esperando. Los diputados de Morena ya están listos para las próximas elecciones.
TU AGUINALDO NUNCA MÁS LLEGARÁ COMPLETO













Deja una respuesta