El sarampión volvió. Y no, no fue mala suerte ni “herencia del pasado”. Tiene responsables con nombre y apellido: Morena y el gobierno de López Obrador.
Mientras el discurso oficial presume “bienestar”, la realidad es que miles de niñas y niños quedaron desprotegidos. No fue por falta de presupuesto. Fue por decisión política. El dinero para vacunas estaba aprobado… simplemente no lo ejercieron.
Entre 2022 y 2024 dejaron sin utilizar más de 44 mil millones de pesos destinados a la compra de vacunas. No es un error administrativo. Es una omisión que hoy se traduce en contagios, secuelas permanentes y muertes.
Hace apenas una década, México tenía coberturas superiores al 90% en vacunación contra el sarampión. Hoy, en plena era de la 4T, apenas alcanzan el 63%, según datos de la Organización Panamericana de la Salud. El retroceso es brutal. Y no se puede maquillar.
La suspensión de las semanas nacionales de vacunación —decisión tomada en el sexenio pasado— dejó huecos enormes en la protección infantil. A eso se suman fallas documentadas por la Auditoría Superior: problemas en la red de frío, desorganización, bajo desempeño y ausencia de campañas permanentes.
Pero en lugar de corregir, el gobierno prefirió gastar en megaobras, en proyectos faraónicos y en caprichos políticos. Las vacunas quedaron al final de la lista.
El resultado está a la vista: niños que no estaban vacunados hoy están enfermando. Familias que confiaron en el sistema de salud hoy enfrentan consecuencias irreversibles.
Y mientras tanto, las autoridades repiten que “todo está bajo control”.
No lo está.
El doctor Francisco Moreno lo resume sin rodeos: la única forma eficaz de frenar la epidemia es vacunando. Dos dosis. Cobertura mínima del 95%. No hay discurso ideológico que sustituya eso.
El sarampión no regresó por casualidad. Regresó porque el gobierno decidió no hacer lo que tenía que hacer.
Y cuando se trata de la salud de los niños, la negligencia no es un detalle técnico: es una responsabilidad histórica.














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