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LOS NEPOBABYS DEL BIENESTAR

En México ya ni hace falta ver twitter para entender qué es un “nepo baby”. Basta ver a los hijos de AMLO: los López Kardashian Beltrán, la familia influencer de la política mexicana, paseándose por los recursos públicos como si fueran tarjetas de regalo ilimitadas. Y mientras ellos andan turbolevantados en privilegios, el resto del país anda viendo si compra huevo o tortillas porque las dos ya no alcanzan. “Primero los pobres”, sí… pero solo para que vean desde abajo cómo vive la nueva realeza de la 4T.}

Andy López Beltrán creó su propio starter pack de la corrupción versión millennial: amigos de la secundaria ascendidos mágicamente, contratos multimillonarios que caen del cielo, terrenos estratégicos junto a Dos Bocas para el compa, y todo con la misma vibra que usar el apellido presidencial como ID para entrar a cualquier antro VIP del gobierno. Es el típico niño rico que jura ser humilde… mientras te bloquea la vista con su jet privado invisible.

Su hermano Bobby es todavía más descarado: sale en audios repartiendo concesiones mineras como si fueran stickers de WhatsApp. “¿Quieres una mina? Te la paso. ¿Quieres balasto pa’l Tren Maya? De una. ¿Quieres meterte al crimen organizado? No hay pedo, aquí manejamos todo”. Y la gente literal muriéndose por falta de medicinas mientras este señorito anda viendo qué parte del país puede rifar hoy.

Luego está José Ramón, el mayor, viviendo en la Casa Gris, que más que una residencia parecía un recordatorio de que el discurso de austeridad es solo un cosplay. Mansión enorme, lujos por todos lados, y conexiones con un directivo de una empresa contratista de Pemex. Tú preocupándote porque subió el gas, y él pensando qué tan grande debería ser su siguiente clóset de diseñador.

Pero hey, no se preocupen, porque los juniors no vienen solos: traen colaboraciones, como cualquier influencer exitoso. Súmale a los sobrinos del almirante Ojeda, metidos en la red de huachicol fiscal más absurda que este país haya visto. Combustible ilegal disfrazado de aceites, funcionarios detenidos, marinos muertos… y, sorpresa, los López Beltrán flotando cerca del expediente. Qué cosas, ¿no? Uno diría que México es chiquito… pero al parecer solo es chiquito para los mismos apellidos.

Eso sí: no son los únicos que aprovecharon el “transformar México™”. En Sinaloa, los hijos de Rocha Moya se aventaron más de 600 millones en contratos con empresas que nadie conocía hasta que, mágicamente, comenzaron a ganar licitaciones. En Sonora, el hijo de Durazo es básicamente el guía espiritual de las empresas chinas, con beneficios fiscales que parecen sacados de un Black Friday gubernamental. Y en Tamaulipas, el hijo del gobernador colecciona vuelos privados como si fueran cromos, con 25 viajes en dos meses sin facturas ni ingresos que lo sostengan. Claro, alguien tiene que vivir la austeridad… pero claramente no son ellos.

Mientras ellos se pasean en jets, el país real se desvanece entre salarios miserables, hospitales vacíos, inseguridad y comida cada vez más cara. La gente trabajando horas extra para intentar comer tres veces al día, y los juniors de la 4T preocupados por cuál avión se ve mejor en sus stories.

La “transformación” terminó siendo lo que siempre fue: un reality show donde la familia presidencial y sus clones políticos tienen pase VIP ilimitado. Y México, como siempre, es el público cautivo que paga la suscripción sin querer. Porque la 4T no eliminó los privilegios: solo los puso a nombre de sus propios hijos.

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