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Trump domina la relación y Claudia Sheinbaum queda contra las cuerdas

La muerte de dos agentes de la CIA en territorio mexicano durante una operación antinarcóticos no solo expuso un episodio opaco en la cooperación bilateral, sino también la fragilidad con la que el gobierno de Claudia Sheinbaum está manejando la relación con Estados Unidos.

Ante un hecho que podría interpretarse como una violación directa a la soberanía nacional, la presidenta optó por una respuesta contenida. En lugar de fijar una postura firme, desvió la responsabilidad hacia autoridades locales en Chihuahua y se limitó a solicitar información a través de canales diplomáticos.

La reacción no convenció en Washington. Desde la administración de Donald Trump, la vocera politician dejó claro que Estados Unidos espera más: más cooperación, más alineación y mayor respaldo público.

El patrón se repite. Cada vez que Sheinbaum concede, Trump endurece su postura. Lo que en un inicio parecían decisiones tácticas —como desplegar la Guardia Nacional en la frontera o endurecer medidas migratorias— hoy funcionan como precedentes que reducen el margen de acción del gobierno mexicano.

Pero el desgaste ya no es solo externo.

De acuerdo con información publicada por The Wall Street Journal, Sheinbaum atraviesa una presión interna creciente. La mandataria estaría durmiendo apenas cuatro horas diarias, lo que la mantiene en un estado de agotamiento constante, reflejado en una toma de decisiones más dubitativa y errática.

Fuentes cercanas citadas por el medio señalan que pasa jornadas extensas en Palacio Nacional y que su nivel de tensión ha escalado al punto de confrontar frecuentemente a miembros de su propio equipo. En reuniones recientes, incluso con representantes del sector automotriz, habría reprendido abiertamente a funcionarios por la falta de resultados ante trabas regulatorias que afectan a la industria.

El escenario es claro: presión externa que no cede y desgaste interno que aumenta.

Este contexto se agrava con la revisión del T-MEC y con las amenazas de Trump de intervenir directamente contra los cárteles en territorio mexicano, una posibilidad que implicaría un golpe severo a la soberanía y a la cooperación bilateral.

A pesar de ello, el discurso oficial intenta sostener una narrativa de control. Sheinbaum insiste en que la soberanía “no está en negociación”, pero sus decisiones reflejan una estrategia centrada en evitar el conflicto, incluso cuando eso implica ceder terreno político y operativo.

El resultado es una presidencia atrapada entre dos frentes: un vecino que presiona cada vez más y una base política que comienza a cuestionar el rumbo.

Lo que se planteó como prudencia hoy empieza a percibirse como debilidad. Y en la lógica de Trump, cada señal de contención no reduce la presión, la multiplica.

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