La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que asistió a la final de la Copa Mundial de la FIFA 2026 en Nueva York después de recibir una invitación personal del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante una llamada telefónica.
Hasta antes de esa conversación, Sheinbaum aseguraba que la única invitación formal que había recibido era la de la FIFA. Sin embargo, bastó una pregunta del mandatario estadounidense para que aceptara acudir y sentarse junto a él.
Según relató la propia presidenta, Trump le preguntó directamente si viajaría a la final.
“Me dijo: ‘Claudia, ¿vas a venir?’. Y le dije: ‘Si usted me invita, presidente Trump’. Me dijo: ‘Sí, estás invitada, ven, vas a estar sentada junto a nosotros’. Y dije: ‘Hay que ir, porque, como dice el dicho, lo cortés no quita lo valiente’”, declaró.
La respuesta dejó una imagen difícil de conciliar con la firmeza y la soberanía que Sheinbaum presume en sus discursos. En lugar de actuar como la jefa de Estado de un país independiente, condicionó su presencia a la aprobación personal de Trump y aceptó inmediatamente después de recibir su invitación.
El episodio también provocó burlas en redes sociales, donde comenzó a utilizarse el hashtag #LaPerritaDeTrump contra la propia presidenta. La etiqueta había sido impulsada anteriormente por cuentas y simpatizantes de la llamada Cuarta Transformación para atacar a sus adversarios, particularmente a Ricardo Salinas Pliego. Sin embargo, usuarios la retomaron de manera irónica al considerar que quien realmente terminó obedeciendo al presidente estadounidense fue Claudia Sheinbaum.
La contradicción es evidente: mientras desde el oficialismo se utilizaba el hashtag para acusar a otros de subordinación frente a Trump, fue la presidenta de México quien acudió a Nueva York después de recibir una invitación directa del mandatario estadounidense, aceptó sentarse a su lado y presentó el gesto como una muestra de cortesía.
La escena refuerza la percepción de que Sheinbaum evita confrontar a Trump y procura mantenerlo complacido ante el temor de posibles represalias comerciales, migratorias o políticas. Frente a los mexicanos intenta proyectar independencia; frente al presidente de Estados Unidos adopta un tono cauteloso, obediente y subordinado.
La contradicción resulta todavía más notoria porque Sheinbaum había rechazado asistir a otros actos del Mundial bajo argumentos como el elevado costo de los boletos y su intención de permanecer “cerca del pueblo”. Pero cuando la invitación llegó directamente de Trump, esos argumentos desaparecieron.
La presidenta calificó el encuentro entre México, Estados Unidos y Canadá como un ejemplo de respeto y coordinación, y aseguró que el Mundial fue un éxito para los tres países organizadores.
Sin embargo, detrás del discurso diplomático quedó una imagen política incómoda: Trump llamó, Trump invitó y Sheinbaum acudió. La mandataria que presume defender la soberanía nacional terminó demostrando que, cuando el presidente de Estados Unidos habla, ella difícilmente se atreve a decir que no.













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