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La miseria de fernández noroña

Lo de Gerardo Fernández Noroña ya no es cinismo político, es una pinche falta total de vergüenza. Estamos hablando de un cabrón que cobra más de 126 mil pesos mensuales, que se da el lujo de comprar una casa de 12 millones de pesos, y que aun así decide ir a formarse como limosnero para cobrar la Pensión del Bienestar, un apoyo que se supone existe para adultos mayores que no tienen ni para tragar. No porque la necesite, sino porque puede, porque el sistema está tan jodido que premia al más descarado.

Y por si no fuera suficiente la burla, el muy pendejo lo presume en redes, como si recibir dinero público destinado a los más pobres fuera un logro personal. Eso no es ejercer un derecho, eso es ser un pinche vividor del erario, un parásito profesional que ya vive del presupuesto y todavía se siente con derecho de exprimirlo más. No le dio pena, no le dio culpa y claramente no le dio madre.

Este es el verdadero rostro de los programas sociales mal diseñados: sin filtros, sin evaluaciones y sin dignidad. Así, cualquier cabrón con cargo público, sueldo inflado y patrimonio millonario puede meter la mano al cajero y llevarse dinero que debería estar destinado a quien realmente lo necesita. Mientras tanto, los viejitos que sí dependen de esa lana siguen contando monedas, y los políticos bien tragados se siguen sirviendo con la cuchara grande.

El discurso de “primero los pobres” queda hecho mierda cuando los mismos políticos que lo gritan son los primeros en meter la mano, y lo hacen sin pudor, sin ética y sin tantita decencia. Esto no es justicia social, no es bienestar y no es solidaridad; es clientelismo de mierda, avaricia institucionalizada y una mentada de madre para cualquier mexicano que todavía cree que estos programas existen para ayudar y no para comprar votos.

Legal será, pero moralmente es una pinche porquería. Un senador rico cobrando dinero público pensado para pobres no es un error del sistema: es la prueba de que el sistema está hecho para beneficiar a los mismos cabrones de siempre, mientras el pueblo paga, ellos cobran y todavía se ríen en tu cara.

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