En enero de 2026, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó los números fiscales de 2025 con satisfacción: el Servicio de Administración Tributaria (SAT) había cerrado el año con una recaudación de más de seis billones de pesos — un récord histórico, un 4.6% más en términos reales que el año anterior, y todo sin tocar las tasas impositivas. Las empresas mexicanas, junto con trabajadores y consumidores, habían cumplido. La pregunta natural que sigue es: ¿y ese dinero, a dónde va?
La respuesta existe, pero es incómoda. El gasto público federal se divide en dos grandes bloques: el gasto programable, que financia escuelas, hospitales, carreteras y programas sociales; y el gasto no programable, que incluye participaciones a estados, municipios y, sobre todo, el servicio de la deuda. En 2025, el costo financiero de la deuda pública consumió alrededor de 1.3 billones de pesos — más del doble que en 2008 como proporción del PIB — y para 2026 se proyecta que llegue a 1.57 billones, lo que equivaldría al 15.4% de todo el gasto federal.
La máquina recaudadora: de 2024 a 2025
El desempeño fiscal de los últimos dos años es notable por su consistencia. En 2024, el SAT recaudó 4 billones 954 mil millones de pesos — otro récord en ese momento — impulsado principalmente por el ISR (2.68 billones) y el IVA (1.4 billones). Para alcanzar esas cifras, el organismo realizó más de 43 mil auditorías con las que recuperó 807 mil 826 millones de pesos adicionales por fiscalización, un promedio de 1,444 millones por cada auditoría, cifra 2.7 veces superior a lo que se recuperaba por ese concepto en 2020. En paralelo, en 2024 se emitieron más de 10 mil 871 millones de facturas electrónicas — 344 por segundo — y se incorporaron 764 mil nuevos contribuyentes al padrón fiscal.
2013Reforma hacendaria: ISR sube de 28% a 30%; IVA se homologa en fronteras. Punto de inflexión en la recaudación empresarial moderna.
2020El SAT recupera 532 mdp promedio por auditoría. La facturación electrónica masiva comienza a cerrar espacios de evasión.
2023Recaudación total: ~4.5 billones de pesos. ISR e IVA consolidan su papel como los dos pilares del fisco.
2024Récord: 4.95 billones de pesos. El SAT ejecuta 43,226 auditorías y recupera 807 mil millones adicionales.
2025Nuevo récord: 6.045 billones de pesos. Crecimiento de 487 mil millones frente a 2024, equivalente a 4.6% real.
¿A dónde van los impuestos? Los seis destinos del peso público
El Presupuesto de Egresos de la Federación 2025 totalizó 9.3 billones de pesos. El IMCO analizó su distribución y encontró que 19 de las 24 funciones de gasto público sufrieron recortes reales frente a 2024. Estos son los principales destinos del peso recaudado:
Educación — 1.08 billones11.7% del presupuesto. Cubre nómina magisterial, becas y transferencias a universidades. El gasto educativo bajó de 3.3% a 3.19% del PIB para 2026.
Salud — 940 mil millonesSolo 2.5% del PIB, muy por debajo del 6% recomendado por la OMS. 7 de cada 10 pesos se van a asegurados; 3 de cada 10 a población sin seguridad social.
Programas sociales — 987 mil millonesPensión para Adultos Mayores concentra el 53.3%. Becas educativas y Jóvenes Construyendo el Futuro absorben el 22% restante del bloque social prioritario.
Transferencias a estados — 2 billonesRamo 28 (participaciones) y Ramo 33 (aportaciones) para educación básica, salud, seguridad pública e infraestructura local. 5,655 mdp al día.
Inversión y desarrollo económico — 1.5 billonesSolo 16% del gasto total. Infraestructura, energía y transporte. El 46% de los programas prioritarios de inversión va a Pemex. Ciencia: 34.8 mil millones.
Servicio de la deuda — 1.3–1.57 billonesEl rubro de mayor crecimiento. En 2025 superó el gasto en educación pública. Para 2026, será el segundo mayor componente del gasto federal: 15.4% del total.
El peso silencioso: la deuda que devora el presupuesto
Quizás el dato más revelador del debate fiscal mexicano de los últimos años no está en los ingresos récord, sino en a qué se van los pesos antes de llegar a la escuela o al hospital. El costo financiero de la deuda pública pasó del 1.8% del PIB en 2008 al 3.7% en 2025, y se proyecta en 4.1% para 2026. Para ponerlo en perspectiva: el costo anual de la deuda proyectado para 2026 superará el gasto en salud (2.6% del PIB), en educación (3.3%) y en inversión física (2.5%) — tres pilares del desarrollo social y económico.
«El costo financiero no genera nueva infraestructura, no expande programas sociales ni mejora servicios; solo cumple compromisos pasados.»
— Ivana Cortés, coordinadora de desarrollo económico del IMCO
La deuda pública total del sector público alcanzó 18.76 billones de pesos al cierre de 2025, equivalente al 53.1% del PIB — el nivel más alto desde el año 2000. Si este endeudamiento se mantiene en su trayectoria actual, el CIEP estima que podría llegar a 58.9% del PIB hacia 2031. Para dimensionar la magnitud: en 2026, el gobierno contratará deuda a un ritmo de 4,349 millones de pesos por día, y buena parte de ese endeudamiento se usará para pagar los intereses del endeudamiento previo.
El otro lado del mostrador: las empresas entre el cumplimiento y la asimetría
Las empresas mexicanas que tributan formalmente son conscientes de que cargan con una responsabilidad desigual. El gran contribuyente — definido como persona moral con ingresos superiores a 2,000 millones de pesos anuales — ha sido el objetivo central de la estrategia de fiscalización del SAT. Sin embargo, datos de mayo de 2026 revelan una señal de alerta: la recaudación secundaria de grandes contribuyentes creció apenas 1.1% en el primer trimestre del año, frente a tasas superiores al 32% que se habían registrado desde 2023. El padrón de grandes contribuyentes también se redujo de 16,006 en abril de 2025 a 15,402 en marzo de 2026.
La queja de fondo del sector empresarial no es nueva. Mientras el contribuyente formal paga puntualmente —y el SAT lo confirma al reportar cumplimiento del 99.9%—, existe una economía informal de proporciones significativas que opera al margen del sistema. Esta asimetría genera un círculo vicioso: quienes más tributan, financian los servicios públicos que también usan quienes no tributan, y reciben a cambio una rendición de cuentas que sigue siendo insuficiente.
Dato clave
El gasto en pensiones y en el costo de la deuda pasó, entre 2013 y 2025, de 3.3% a 6.1% del PIB y de 2.6% a 4.4% del PIB, respectivamente. En el mismo periodo, los recursos para inversión, salud y educación se redujeron en términos relativos. Los impuestos que pagan las empresas financian cada vez más compromisos del pasado, y cada vez menos el futuro.
El debate de fondo: recaudar más no es lo mismo que gastar mejor
La presidente Sheinbaum repite que los impuestos «se traducen en dinero del pueblo para el pueblo»: programas de bienestar, obras públicas, educación y salud. No es falso — parte de los recursos llega a esos destinos. Pero el análisis presupuestal muestra una tensión estructural que los números récord de recaudación no resuelven por sí solos: el gasto programable, el que financia servicios reales, cayó 7.8% en términos reales en los primeros siete meses de 2025, mientras los ingresos crecían. La diferencia la absorbió el pago de deuda y las obligaciones no programables.
Organizaciones como el CIEP, México Evalúa e IMCO coinciden en el diagnóstico: México recauda más, pero la composición del gasto ha migrado hacia compromisos ineludibles — pensiones, intereses de deuda, nómina federal — que dejan menos margen para la inversión productiva y los servicios que los contribuyentes esperan a cambio. Hasta que esa ecuación se corrija, la pregunta seguirá siendo legítima: ¿a dónde se van los impuestos?













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