Manuel Pedrero, el rostro joven de la comunicación pro-4T, parece haber pasado de ser el «niño genio» de las redes a un imán de demandas. No es solo un pleito de micrófonos; lo que hoy enfrenta el fundador de Reporteros MX es una bola de nieve legal que cuestiona su ética y, sobre todo, su trato hacia las mujeres en la política.
El detonante: «A ti te manda un hombre»
La gota que derramó el vaso cayó el pasado 6 de marzo. En una mesa de debate que debía ser de altura sobre la reforma electoral, Pedrero perdió los estribos con la diputada priista Tania Larios. No fue un intercambio de ideas, fue un intento de silenciamiento.
Pedrero le soltó una frase que hoy le cuesta una denuncia formal: le dijo, palabras más, palabras menos, que ella no tenía criterio propio y que solo repetía lo que sus jefes hombres le ordenaban. El PRI no tardó en reaccionar, calificándolo como un misógino que usa el micrófono como arma de control.
- El fuego amigo con María Teresa Ealy: Quizás la denuncia más dolorosa para el ecosistema de Morena. La diputada federal acusó a Pedrero de sacarla de contexto para «echarle a la jauría digital», tachándolo de ejercer una violencia política sistemática contra las propias mujeres del movimiento que él defiende.
- La sombra de Coahuila: Cecilia Guadiana y Sulema Mosri también han levantado la mano. El patrón que denuncian es el mismo: un comunicador que, bajo la bandera de «informar», utiliza descalificaciones de género para deslegitimar a quienes lo cuestionan.
¿Periodismo o persecución?
Pedrero camina por una cuerda floja. Sus denuncias por difamación contra otros periodistas y sus procesos por violencia política lo tienen en la mira de las autoridades electorales. Ya no se trata solo de cuántos suscriptores tiene en YouTube, sino de si podrá sostener su carrera sin que el estigma de «agresor» termine por apagar su cámara.













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