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El humanismo selectivo de Palacio Nacional

Esta mañana, en la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum, un pato de dos años llamado Merlín ocupó una silla frente a los medios de comunicación nacionales e internacionales. Llegó con playera de la Selección Mexicana, acompañado de su dueña Carla y sus hijos Carlos y Cristian. La presidenta lo recibió, intentó acariciarlo, y justificó la invitación con una sola palabra: humanismo.

«Ya todos saben que Merlín se volvió prácticamente la mascota del Mundial», dijo Sheinbaum. «Es un asunto de humanismo, de que se conozca a la familia, quiénes son, su problemática.»

Humanismo.

La misma palabra que usa un gobierno que lleva años sin recibir a las madres buscadoras. Que recortó el presupuesto para encontrar a 135 mil desaparecidos. Que dejó morir a más de mil 500 niños con cáncer por falta de medicamentos.

Pero al pato Merlín, sí. Al pato Merlín, hoy, con silla y todo.


Quién es Merlín y por qué llegó a Palacio

Merlín es un pato de dos años que acompaña a Carla Gómez, madre soltera vendedora de aguas y refrescos en las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México. Durante los festejos del Mundial 2026, alguien lo grabó caminando entre aficionados con una playera del Tri. El video se volvió viral. La FIFA lo nombró «embajador» informal. Los memes se multiplicaron. Y la presidenta, que no mencionó a las madres buscadoras ni una vez en su discurso de toma de posesión, vio en el pato una oportunidad.

El 19 de junio anunció que lo invitaría a la mañanera. Hoy cumplió. Le ofreció a la familia apoyo del gobierno: «Les vamos a ayudar a que esta fama que han adquirido se traduzca en mejora en su calidad de vida siempre.»

La dueña del pato agradeció emocionada: «Estar en Palacio Nacional ha sido lo mejor que nos ha pasado en esta vida.»

Nadie puede reprocharle nada a Carla ni a Merlín. Ellos no pidieron ser el símbolo de nada. El problema no es el pato. El problema es quién abre las puertas de Palacio Nacional, a quién, y cuándo.


Los que no tienen silla

Mientras Merlín graznaba frente a las cámaras, en el país había personas esperando audiencia que llevan años sin conseguirla.

Las madres buscadoras llevan años haciendo el trabajo que el Estado debería hacer: salir al campo, excavar fosas, identificar restos, documentar desapariciones. Sin sueldo. Sin seguro de vida. Sin protección real. Entre 2011 y 2025, al menos 27 personas buscadoras han sido asesinadas. En abril de 2025, María del Carmen Morales y su hijo fueron ejecutados mientras buscaban a un familiar en Jalisco. Nadie ha rendido cuentas.

El Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas reporta hoy más de 135 mil personas desaparecidas en México. Solo en 2025 desaparecieron 14 mil 79 personas —la cifra anual más alta del gobierno de la llamada Cuarta Transformación. En los siete años completos de la 4T en el poder, han desaparecido más de 70 mil personas.

¿Cuántas veces ha recibido la presidenta a colectivos de madres buscadoras en la mañanera con silla y micrófono, como hoy al pato? ¿Cuántas veces les ha prometido que su causa «se traduzca en mejora en su calidad de vida siempre»?

Un padre buscador, Gustavo Hernández, cuyo hijo Abraham Zeidy desapareció en Nuevo León en 2024, lo dijo esta semana con una ironía que duele: pidió ser visto como pato, para que quizás así lo recibieran.

Los padres de niños con cáncer tampoco tienen silla en Palacio. Desde 2019, cuando la 4T eliminó el Seguro Popular, el desabasto de medicamentos oncológicos para niños se convirtió en crisis permanente. El gasto para atender cáncer infantil colapsó de 500 millones de pesos (2012-2016) a apenas 21 millones en 2021: un recorte del 97%. Más de mil 500 niños murieron en menos de un año por falta de tratamiento oncológico, según la Asociación Mexicana de Ayuda a Niños con Cáncer.

En marzo de 2025, el gobierno anunció un apoyo de 6 mil 400 pesos bimestrales para los tutores. Las organizaciones respondieron de inmediato: «Primero es lo primero. Queremos medicamentos, no dinero.»

Medicamentos que el Estado eliminó cuando decidió que el Seguro Popular era un programa neoliberal y lo tiró a la basura. Las quimioterapias en hospitales privados —que las familias pagan de su bolsillo— se dispararon: 76 mil en 2021, mientras el gobierno presumía transformación.


El presupuesto que sí alcanza para los que importan

La 4T tiene recursos cuando quiere tenerlos. En la Ciudad de México, gobernada por Clara Brugada —cuadro de confianza de Morena—, se lanzó un Plan Integral de Bienestar Animal con fiscalía especializada en maltrato animal, 200 parques para perros, 50 mil esterilizaciones anuales y aumento explícito de presupuesto.

Al mismo tiempo, el presupuesto federal para la Comisión Nacional de Búsqueda —el organismo encargado de coordinar la localización de los más de 135 mil desaparecidos— fue recortado un 16.2% en 2025, pasando de 295 millones de pesos a 247 millones. Cuarenta y ocho millones menos para buscar personas. Más presupuesto para los animales.

No es una metáfora. Es política pública con nombre y número de partida presupuestal.


«Humanismo», dijeron

La presidenta justificó la presencia del pato en Palacio con la misma palabra que usa para nombrar su proyecto de gobierno: humanismo.

«Es un asunto de humanismo», dijo hoy Sheinbaum.

Es la misma palabra que aparece en el Eje General 4 del Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030: «Desarrollo con Bienestar y Humanismo.»

Pero el humanismo no se declara. Se demuestra en a quién le abres la puerta, a quién le das el micrófono, a quién le prometes que su lucha «se traduzca en mejora en su calidad de vida.»

Hoy esa persona fue Carla, la dueña del pato.

Mañana seguirán esperando las madres que cavan fosas con sus manos. Los padres que venden lo que tienen para pagar quimioterapias que el Estado debería garantizar. Los familiares de 135 mil personas cuya desaparición, según la presidenta en su toma de posesión, ni siquiera mereció una mención.

Merlín tiene silla en Palacio Nacional. México tiene 135 mil desaparecidos.

Y un gobierno que se dice humanista encontró tiempo para recibir al pato antes que a cualquiera de ellos.

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