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El norte no se dobla: Morena fracasa en Chihuahua

La movilización convocada por Morena en Chihuahua terminó convertida en una muestra de debilidad política. Lo que pretendía ser una demostración de fuerza contra la gobernadora Maru Campos acabó evidenciando que el partido guinda no tiene en el estado el control territorial, la simpatía social ni la capacidad de movilización que presume a nivel nacional.

La marcha reunió apenas a unos miles de asistentes y dejó claro que Chihuahua no responde automáticamente a las narrativas construidas desde el centro del país. Morena intentó instalar la idea de que existía un agravio suficiente para sacar a la gente a las calles, pero el resultado mostró lo contrario: la ciudadanía chihuahuense no compró el discurso.

El primer problema de Morena fue creer que podía trasladar a Chihuahua una lógica política que funciona en otras regiones. En el norte, y particularmente en Chihuahua, el electorado suele ser más resistente al partidismo, más crítico del centralismo y menos receptivo a las movilizaciones impulsadas desde la Ciudad de México.

El segundo error fue intentar comparar el caso de Chihuahua con escenarios mucho más graves, como el de Sinaloa. Mientras en Chihuahua se acusa al gobierno estatal de permitir operativos estadounidenses contra criminales en territorio mexicano, en Sinaloa los señalamientos apuntan a la presunta tolerancia del crimen organizado. La diferencia no es menor, y la gente lo sabe.

Morena quiso convertir el tema de la soberanía en bandera de movilización, pero en un estado golpeado por la violencia y con una relación histórica, económica y cultural con Estados Unidos, ese discurso no necesariamente genera indignación. Para muchos ciudadanos, la seguridad pesa más que una narrativa nacionalista construida desde el poder.

La presencia de figuras como Andy López Beltrán tampoco ayudó. En lugar de fortalecer la protesta, terminó recordando los privilegios, contradicciones y excesos que cada vez generan más rechazo dentro y fuera del electorado morenista. Morena quiso mostrarse como fuerza popular, pero terminó exhibiendo a una élite partidista intentando fabricar enojo social.

El fracaso de la marcha también anticipa un problema electoral mayor: Morena no parece tener una ruta clara para ganar Chihuahua. Su avance en el norte no necesariamente se explica por una adhesión ideológica a la izquierda, sino por coyunturas económicas, programas sociales y el desgaste de sus adversarios. Pero eso no significa que el estado esté dispuesto a entregar el poder local al partido guinda.

Chihuahua tiene códigos políticos propios. Desconfía del centralismo, valora su autonomía regional y suele rechazar las imposiciones externas. Por eso, la imagen de políticos nacionales llegando a encabezar una protesta contra el gobierno estatal puede terminar jugando en contra de Morena.

La movilización fallida dejó una señal contundente: Morena no logró prender a Chihuahua. Y si insiste en tratar al estado como si fuera una extensión política del centro del país, no solo fracasó esta vez; también puede volver a fracasar en las urnas.

Chihuahua no parece territorio fácil para Morena. Y después de esta marcha, quedó claro que el partido está mucho más lejos de conquistarlo de lo que quiere admitir.

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