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Jesús Ramírez Cuevas el vocero que «envenenó» el oído presidencial

El paso de Jesús Ramírez Cuevas por la vocería presidencial de Andrés Manuel López Obrador dejó una estela de conflictos internos, rupturas mediáticas y un manejo de recursos públicos que hoy lo posicionan como una figura desgastada en la nueva administración.

El origen de la ruptura:

El desplazamiento de César Yáñez La gestión de la comunicación en el sexenio pasado comenzó con una decisión que muchos consideran el «pecado original» de la estrategia mediática de la 4T. Durante la transición de 2018, César Yáñez, el hombre que construyó los puentes con la prensa durante dos décadas, fue enviado a «la congeladora» en una oficina secundaria de Palacio Nacional tras solicitar un cambio de responsabilidades. En su lugar, López Obrador optó por Ramírez Cuevas, cuya experiencia se limitaba principalmente a la gacetilla del movimiento, el periódico Regeneración.

Fuego amigo y operaciones políticas A Ramírez Cuevas se le atribuye una labor de «intoxicación» informativa hacia el expresidente, operando activamente para descarrilar las carreras de figuras clave dentro del mismo movimiento. Entre los casos más destacados se encuentran: Julio Scherer Ibarra: A quien presuntamente afectó mediante filtraciones sobre su actividad empresarial. Omar García Harfuch: Con campañas dirigidas a frenar su candidatura a la Jefatura de Gobierno de la CDMX.

El Ejército Mexicano: Mediante el manejo de mensajes en torno al caso Ayotzinapa. Escándalos financieros y el uso de recursos La gestión de la vocería no estuvo exenta de irregularidades administrativas. Se documentaron gastos cuestionables, como los 58 millones de pesos destinados a la impresión de ejemplares de Regeneración y el uso de presupuesto público para financiar el monitoreo y la clasificación de periodistas.

Aunque Ramírez Cuevas negó públicamente el pago a empresas como Intélite, registros de Compranet revelaron contratos por aproximadamente 5 millones de pesos destinados a estos análisis, los cuales servían de base para señalar a columnistas como «buenos», «neutrales» o «malos» durante las conferencias matutinas. El presente: Un «fusible quemado» en la era Sheinbaum Tras un cierre de sexenio marcado por acusaciones de corrupción y pleitos legales con empresarios y excolaboradores (como Sanjuana Martínez), la posición actual de Ramírez Cuevas parece ser más estratégica que operativa.

Hoy, como coordinador de Asesores de la Presidencia, se le percibe como un personaje sin poder real. La presidenta Claudia Sheinbaum ha optado por mantenerlo dentro del organigrama, no por afinidad operativa, sino como una medida de contención para evitar posibles represalias de quien conoce las entrañas informativas del movimiento.

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