Advertisement

Amílcar Olán: el amigo de Andy que hizo fortuna con la 4T y puede embarrar al círculo de AMLO

Otra vez la corrupción toca la puerta del círculo más cercano de Andrés Manuel López Obrador. Esta vez no se trata solamente de un colaborador político, un funcionario del gabinete o un aliado incómodo: se trata de Amílcar Olán, amigo cercano de Andrés Manuel “Andy” López Beltrán y personaje ligado durante años a los negocios que rodearon algunos de los principales proyectos de la llamada Cuarta Transformación.

La Fiscalía General de la República obtuvo una orden de aprehensión contra Jorge Amílcar Olán Aparicio por delincuencia organizada, de acuerdo con reportes basados en fuentes judiciales. La orden habría quedado radicada en el Centro de Justicia Penal Federal con sede en el Altiplano.

El problema para Morena no termina en Olán. Apenas este 15 de septiembre, una investigación de El Universal documentó cómo el empresario pasó de obtener contratos por apenas 27 mil pesos antes del triunfo presidencial de López Obrador a acumular más de 500 millones de pesos en convenios con gobiernos de la 4T. Entre las administraciones relacionadas con esos contratos aparecen el gobierno federal de AMLO y el gobierno de Tabasco encabezado entonces por Adán Augusto López.

Es decir: no estamos hablando de un empresario que hizo fortuna lejos del poder. Su crecimiento económico ocurrió justamente mientras sus amigos y conocidos ocupaban algunas de las posiciones más poderosas del país.

Y ahí aparece nuevamente Andy.

Olán ha sido identificado durante años como amigo cercano del hijo de López Obrador. Investigaciones periodísticas lo han relacionado con negocios alrededor del Tren Maya, Dos Bocas, medicamentos y otros contratos públicos. También se han documentado conexiones empresariales y patrimoniales con personajes vinculados al entorno político de Adán Augusto López. El Universal reveló recientemente que dos propiedades relacionadas con Olán fueron formalizadas ante una notaría vinculada con el hoy senador y posteriormente habrían generado alrededor de 58 millones de pesos en rentas al Poder Judicial de Tabasco.

Es exactamente el tipo de historia que persiguió durante años al discurso de López Obrador: empresarios que prosperan cerca del poder, contratos públicos, relaciones personales y una cadena de coincidencias que termina inevitablemente alrededor de los mismos nombres.

La diferencia es que ahora esos nombres llegan hasta su propia familia.

Durante años, cuando alguna investigación periodística alcanzaba a sus hijos, López Obrador respondió esencialmente con el mismo argumento: ellos no eran funcionarios y él no tenía responsabilidad sobre los negocios de sus amistades.

Otra vez habrá quien pretenda presentar al expresidente como un hombre completamente ajeno a lo que ocurría alrededor suyo.

El problema es que cada nueva investigación hace más difícil sostener la narrativa del presidente que no sabía nada.

Olán no solamente conocía a Andy. Su espectacular crecimiento empresarial coincidió con el ascenso político de la 4T y con administraciones encabezadas por algunos de los personajes más importantes del obradorismo.

Y ahora aparece una paradoja conveniente.

La FGR puede concentrar el expediente penal en Amílcar Olán mientras Andrés Manuel López Beltrán permanece, hasta ahora, fuera de una investigación formal conocida por estos hechos. La propia presidenta Claudia Sheinbaum afirmó el pasado 4 de septiembre que, de acuerdo con la información de la Fiscalía, no existía una investigación abierta contra Andy por el caso de huachicol fiscal.

La orden contra Olán, por tanto, corre el riesgo político de convertirse en la excusa perfecta para cerrar el círculo alrededor del empresario sin obligar a mirar hacia quienes formaban parte de su entorno.

Que quede claro: jurídicamente, la investigación contra Olán no impide citar o investigar a Andy si aparecen elementos que lo justifiquen. Pero políticamente resulta muy cómodo tener un presunto operador sobre quien descargar toda la responsabilidad mientras los nombres más poderosos permanecen lejos del banquillo.

La pregunta ya no debería ser solamente qué hizo Amílcar Olán.

La pregunta es con quién lo hizo, quién se benefició, quién conocía sus operaciones y hasta dónde llegan realmente sus relaciones con la plana mayor de la izquierda mexicana.

Porque si Olán decide hablar, entregar documentos o explicar cómo consiguió contratos, socios y negocios durante los años de mayor poder del obradorismo, el problema podría dejar de ser el del amigo incómodo de Andy.

Podría convertirse en el problema de todo el clan.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *